JACOBO GAVIRA

Jacobo Gavira, Madrid-España, 1970.

Nace en una familia estrechamente relacionada con el arte, tiene una formación plástica muy temprana, estudia diseño y pronto coge los pinceles, con casi veinte años realiza su primera exposición de pintura en Madrid. Además de exponer su obra en renombradas galerías y centros culturales de España como “La Caja Negra” y “La Casa Encendida”, Jacobo Gavira expone también en países como Reino Unido, Italia, Filipinas y Marruecos. Su obra se centra principalmente en el ejercicio continuado de la pintura que hace de la transformación un proceso de conocimiento y madurez generando así un lenguaje y un estilo consolidado y reconocible desde hace muchos años. Con la figuración y posteriormente la abstracción y lo gestual-sígnico cercano al expresionismo y temáticas como la tauromaquia y personajes y atmósferas que se funden en lo difuso en espacios habitables por la consciencia, Gavira no para de pintar, porque para este pintor pintar es una necesidad vital que no puede dejar de realizar. En las pinturas y en las ilustraciones de este artista, la herramienta del dibujo es un importante elemento que estructura las pasiones y el mundo interior de un artista comprometido con su vocación, un artista que diseña y fabrica sus propios marcos. Gavira vive en la ciudad de Madrid y se inspira con Madrid. El color, la fuerza de la pincelada, el movimiento y la luz predominante en sus obras nos recuerda a paisajes madrileños. La energía y el control del color y de la paleta en diversos formatos y micro-formatos generan masas informes compuestas de pequeñas manchas como perAsonajes amontonados en situaciones casi orgiásticas. Jacobo Gavira nos presenta obras como mapas, como vistas de la tierra desde un satélite donde los detalles de lo particular desaparecen para enriquecer un todo universal. Al estilo picassiano, Gavira no quiere pensar, tan sólo quiere pintar. Pintar como jugar sin pensar en que jugamos. Este artista no se queda en el automatismo inconsciente, Gavira es un gesto performativo, el performance como juego y el juego como signo performativo. Porque el juego es una función elemental de la vida humana, tan elemental como lo es pintar para Gavira. Las obras de este pintor juegan en contra de la represión, juegan con el excedente, con el “surplus” de la energía schilleriana promoviendo la metamorfosis de los gérmenes en el aire que Gavira respira.


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